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SÓLO CINE DEL BUENO

ED. 20140901

Las grandes estrellas del cine cómico

POR Luis M. Álvarez

Escrito en: Reportajes
06/02/13
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Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd

Muchos son los cómicos de la época del cine mudo que merecerían reivindicación, pero tan sólo voy a referirme a unos pocos de ellos. Si la llegada del cine sonoro provocaría el declive de algunos de ellos, a lo largo del cine mudo contribuyeron al esplendor de uno de los más genuinos géneros cinematográficos, bajo el auspicio de Mack Sennett. Si es justo recordar a algunos cómicos olvidados, como Max Linder, Roscoe 'Fatty' Arbuckle o Harry Langdon, también es de recibo reconocer la aportación femenina de Louise Fazenda, Marie Dressder o, sobre todo, Mabel Normand, aunque no podríamos dejar de hablar de los tres grandes cómicos del período que sí han logrado perdurar hasta nuestros días: Charles Chaplin, Harold Lloyd y Buster Keaton.

LOS OLVIDADOS

Podemos situar la época de mayor esplendor de Max Linder entre 1911 y 1913, justo antes de que recibiera la llamada de la armada primero y de Hollywood después. Sus películas giran en torno a ese personaje, de porte elegante y ademanes refinados que no perdía la compostura por comprometida que fuera la situación. En octubre de 1916 partía para Hollywood, reclamado por Essanay tras la partida de Charles Chaplin de la compañía, quien se proclamaba su más ferviente admirador. Pero la comicidad refinada de Linder pronto se vería eclipsada por la violencia y el frenesí de los cómicos auspiciados por Mack Sennett, cayendo en una depresión que le llevaría suicidarse, el 30 de octubre de 1925, junto a su mujer.



Resulta lamentable que el que era uno de los más populares cómicos del cine mudo, Roscoe 'Fatty' Arbuckle, sea más recordado hoy en día por aquel incidente con Virginia Rappe, del que, por cierto, saldría ileso legalmente, tal y como relata Kenneth Anger en su libro Hollywood, Babilonia, aunque sería condenado por el puritano público de la época. En aquel momento llegaría a estar considerado al mismo nivel que el propio Charles Chaplin, llegando a ser el protagonista de varias series de películas. El origen de su comicidad estaba unida a su gran físico, que no le impedía tener una gran agilidad, que servía de contrapunto con la ternura que despertaba su oronda cara. Rechazado por Hollywood después del denominado "escándalo Arbuckle", los últimos años de su vida se dedicaría a escribir guiones para otros cómicos, falleciendo el 28 de junio de 1933 por un ataque al corazón.

Del seno de la compañía de Mack Sennett surgía también un cómico como Harry Langdon, para muchos el mejor cómico de su tiempo. Aunque participaría en algunas películas sonoras, su máximo esplendor se produce en el cine mudo. Con un personaje a mitad de camino entre Charles Chaplin y Buster Keaton, gracias a sus dotes para la pantomima, unida a la ausencia de malicia, facilitaban que consiguiera conmover y hacer reír a partes iguales. Una imagen que no se llevaba a la vida real donde sus logros le llevaron a alimentar un ego iracundo que le llevaría al ostracismo con la llegada del sonoro.

LA APORTACIÓN FEMENINA

De origen canadiense, los pasos de Marie Dressler estaban encaminados hacia la ópera, pero terminaron en el vodevil. Un background que le vendría muy bien cuando Chaplin le pidió que participara en algunas de sus películas. Si compaginaría el cine con el teatro, sería de las pocas que prolongaría su carrera en el cine sonoro, consiguiendo un Oscar a la mejor actriz en 1931 por Min and Bill (1930, George W. Hill). A pesar de participar en muchas otras películas en la época, su carrera pronto llegaría a su fin debido a un cáncer terminal.

También Louise Fazenda sería una de las pocas actrices que lograrían pasar con éxito del cine mudo al sonoro. Buena parte de responsabilidad en su proyección la tendría su especialización en personajes de carácter y el hecho de que compaginaba cine y teatro y largos períodos vacacionales. Casada con uno de los grandes productores de Warner Bros, Hall B. Wallis, su carrera se prolongaría hasta finales de los años treinta.



Pero una de las personalidades femeninas más influyentes del período mudo sería, sin duda, Mabel Normand. Mujer moderna para su tiempo, que vivió deprisa y murió joven. No se conformaba con actuar en sus películas sino que también se involucraría en labores de producción, siendo una de las fundadoras de Keystone, inventándose uno de los subgéneros del cine cómico como las peleas de tartas de merengue, y escribiendo y dirigiendo algunas de sus propias películas. Protagonista también de algunos de los episodios más hilarantes de Hollywood, Babilonia, su trayectoria permanecería ligada al período silente debido a su fallecimiento por tuberculosis, en 1930, tras pasar un largo período en un sanatorio. Tenía sólo 34 años.

LOS TRES GRANDES

No hace falta presentar a Charles Chaplin. Su trayectoria, que se prolonga a lo largo del cine mudo e invade múltiples facetas como la dirección, el montaje, la escritura de guión, la producción o incluso la composición de la partitura de algunas de sus películas da cuenta de su extraordinaria capacidad. Británico de nacimiento, es posible que se haya visto también inmiscuido en varios episodios de las crónicas de Kenneth Anger, pero siempre ha salido bien parado, tanto moralmente como legalmente. Amigo de sus amigos, Chaplin supo tender una mano a aquellos que caían en desgracia, como Fatty Arbuckle. Inspirado, al menos en lo que a su atuendo se refiere, en el personaje de Max Linder, crea su inmortal personaje de vagabundo, Charlot, que se convertiría en uno de los iconos del Séptimo Arte que ha perdurado hasta nuestros días gracias a películas como El chico (The Kid, 1921), La quimera del oro (The Gold Rush, 1925), Luces de la ciudad (City Lights, 1931) o, ya en la plenitud del cine sonoro, Tiempos modernos (Modern Times, 1936). Aunque se resistiría a abandonar las técnicas del cine mudo, seguiría siendo uno de los pocos cómicos y cineastas más populares y reconocidos de la Historia del Cine.

Con un sombrero de paja y unas gafas de carey, Harold Lloyd conseguía perfilar su propio personaje que le reportaría un extraordinario éxito a lo largo del cine mudo, sobre todo entre el público estadounidense, al hacer una de las primeras representaciones del americano medio. Aunque fuera poco más que una caricatura, encontraría una respuesta muy calurosa por parte del público, que le llevó a completar una de las filmografías más extensas de su época. La película por la que más se le recuerda es El hombre mosca (Safety last!, 1923, Sam Taylor & Fred C. Newmeyer), que nos proporcionaría otra de las típicas imágenes del cine mudo, con su protagonista suspendido desde un reloj en lo alto de un edificio. Aunque siguió haciendo cine durante el sonoro, lo que más se recuerda de su trayectoria sigue siendo el período silente.

Sería Roscoe Fatty Arbuckle quien le proporcionaría a Buster Keaton sus primeros papeles en el cine, siendo éste quien le ayudaría y apoyaría después del escándalo que le llevaría al olvido. Aludido popularmente como el actor de la cara de piedra, unas veces, o de palo, otras, la fuerza de su personaje recaía en la ausencia de respuesta expresiva a todas las calamidades y catástrofes que sucedían a su alrededor, de las que salía indemne gracias a su portentosa agilidad. Ahijado del mismísimo Harry Houdini, sería éste quien le proporcionaría su apodo, "buster" (destructor), al verle caer de una escalera y salir ileso con sólo trece años. Su declive no vendría tanto por la pérdida de interés del público, sino por decisiones de MGM que apostaría por nuevos cómicos. Aparte de apariciones especiales en títulos como El crepúsculo de los dioses (Sunset boulevar, 1950, Billy Wilder), Candilejas (Limelight, 1952, Charles Chaplin) o La vuelta al mundo en 80 días (Around the world in 80 days, 1956, Michael Anderson & John Farrow), desarrollaría otras facetas como la de guionista, creando gags para otros cómicos, como los hermanos Marx. Su última aparición en público se producía en el festival de Venecia, en 1965, para la presentación de su única película dramática, Film (1965, Alan Schneider), un cortometraje escrito por el dramaturgo Samuel Beckett. Fallecería poco después a causa de un cáncer, la película por la que más se le recuerda sigue siendo El maquinista de la general (The General, 1926, Buster Keaton & Clyde Bruckman)

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